Voy a contar una historia que podría ser terrible para alguien que padezca claustrofobia.
Eran las diez de la mañana de un día cualquiera. Había mucho que hacer para ese día, pero la persona en cuestión necesitaba pasar antes por el baño.
Un segundo personaje estaba a punto de salir por la puerta, dejando sola a la primera persona.
El cuarto de baño era un habitáculo de dos por dos metros, suficiente para que cupiera un vater, un lavabo y una diminuta bañera. A la hora de abrir, la puerta parecía de hormigón y la manilla no abría de ninguna manera. Lo intentaba una, dos y tres veces. No había nadie en la oficina a quien acudir. El teléfono móvil se ha quedado encima de una mesa. Entonces se fijó en la minúscula ventana que daba acceso a un patio interior. Era una ventana de aluminio, con dos planchas correderas. La abrió y descubrió que dos ventanas de la oficina daban a ese mismo patio de luces. Parecían cerradas. El suelo del patio estaba a unos dos metros y debajo había un enorme charco. Las posibilidades de salir al patio eran las más acertadas, pero si las ventanas estaban cerradas tampoco era plan de romper el cristal con el leño sobre el que se asentaba una triste maceta. Miró hacia arriba y empezó a lamentarse de su situación. No faltó quien escuchó y se asomó a la ventana. En unos minutos le había explicado a aquel alma caritativa su situación y le había dado un número de teléfono para que el receptor hiciera lo que tenía que hacer.
El tiempo corría. Ya llevaba veinte minutos allí y nadie aparecía. Mientras, el resto de vecinas, se apuntaban a la conversación que se había originado en el patio de luces. Cinco minutos más tarde llegaba una persona a la oficina para hacerse cargo de la situación. Un rato después llegaba en cerrajero para abrir la puerta en un santiamén. 45 minutos perdidos en un cuchitril de baño y las vecinas aplaudiendo la hazaña.
Esta mañana me he quedado encerrada en un cuarto de baño, en la misma situación que he descrito. Una vecina ha llamado a mi hermano y él a la persona que podía acceder al piso. Durante la espera, los minutos iniciales han sido horribles, pero después, cuando hablaba con las mujeres, solidarizadas con mi causa, todo ha sido más llevadero. Cuando hablaba con ellas me imaginaba escribiendo cómo ha empezado mi día.
Y tenía que pasarme allí toda la mañana. Aunque no esperaba salir a las cuatro y media.
En un rato estaré en casa. Allí donde esta mañana había tanta niebla...
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
2 comentarios:
Se pasa mal en estos casos, pero piensa que por lo menos tenías una ventanita para respirar. Peor es en un ascensor. No sé si te habrá pasado, pero es horrible. A mi me ha pasado varias veces y la última menos mal que un vecino me oyó y pudo abrir una rendijita hasta que me sacaron. No he vuelto a subir en ascensor.
¡Buen finde, guapa!
Horribles fueron los primeros minutos, cuando sopesas las posibilidades de salir de ahí. En caso de no haber aparecido la vecina es posible que hubiera saltado al patio, incluso había quitado una de las planchas de la ventana. Pero la salida me llegó con la señora que se asomó y me dijo: "¿Qué te ocurre?".
En fin, ya pasó. Lo peor es que no estás en tu 'hábitat', sino en un lugar extraño.
Después pensaba en lo que hubiera hecho de no haber una ventana.
Saludetes.
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