martes, septiembre 06, 2011

Un día más sin él


Lo primero que he visto al llegar esta tarde ha sido su coche o, al menos, creo que era su coche, por el lugar donde estaba aparcado. No debería estar en la oficina en martes por la tarde, pero siempre que algo no es habitual suelo encontrarme con él. No creo que ocurra esta tarde, viendo la hora que es. Pero me agrada saber que él puede estar tan cerca.
Esta mañana tampoco le he visto. A pesar de no encontrarme con él, siempre está muy presente. Su imagen revolotea en mis pensamientos una y otra vez y siento que sonrío inexplicablemente. 
Esta tarde he estado a punto de ponerme en contacto con él, pero lo que tengo que preguntarle prefiero que sea delante de una cerveza. Porque tengo que hacerle una consulta. Seguro que él en cuestión de segundos me da una respuesta a mis dudas. Y es que lo que tengo que preguntarle es más de su ámbito que del mío. Prefiero esperar al fin de semana, aunque quizás luego se me olvide.
Cuando estoy frente a él tiendo a quedarme en blanco. Le miro a los ojos y veo lo mejor del mundo, me concentro en esa mirada mágica y entonces se me olvida todo lo demás. Me olvido de la gente, del lugar donde estemos, del millón de cosas que le diría y me centro en la magia que desprende ese ángel de mirada perfecta.
Creo que me iré en breves.

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