Un día te encuentras amando de una manera como nunca antes habías amado. Cada mañana ese intenso sentimiento no deja de sorprenderme. Cada nuevo amanecer es como empezar a sentir de nuevo sintiendo todo, como si viera el mundo por primera vez, como si sus recuerdos fueran nuevos cada día, como si cada minuto de él fuera como la primera vez que le vi.
No deja de sorprenderme cómo existen personas que con una mirada pueden regalarnos un mundo, con una sonrisa consiguen llegar a nuestra alma y con una palabra nos hacen tartamudear.
Y cada día es como si le viera por primera vez.
¿Cuál es el secreto de que una persona nos brinde una pizca de felicidad con su mera presencia? Igual no hay ningún secreto. Igual es como las demás cosas fugaces de la vida, algo tan efímero como la vida misma. Prefiero no pensar en que el amor que siento por él pueda tener un final. Quizás lo tenga, sólo que prefiero no pensar en ello. Siempre es preferible sentir lo que siento en el momento presente. Y mañana ya llegará.
Si existe una persona en el mundo capaz de brindarte tal explosión de sentimientos y eres consciente de lo que sientes, esa persona es simplemente admirable.
Es curioso, porque en todas las cosas buenas que me pasan pienso en él, en lo mucho que me gustaría compartir con él todo lo bueno que me pasa en la vida. En los momentos malos también pienso en él, y es sorprendente cómo estando enfadada el recuerdo de su imagen perfecta consigue borrar de un plumazo ese enfado, o cuando me duele algo al evocarle se me pasan todos los males.
Siempre digo que hay algo de magia, pero bien sé que esa magia no es otra cosa que amor. También es cierto que la magia de él está cuando me encuentro con él y siento que se me eriza la piel, y es algo que no puedo evitar, le miro y encuentro una nobleza sublime, le escucho y sus palabras llegan con tal facilidad a mi alma, y sonrío cuando le veo sonreír. La magia está en él.
Y cada día está más guapo.
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