Últimamente vuelvo a escribir mucho. Me gusta. Es cierto que no escribo todo lo que desearía, pero desde que escribí, hace unos días, que el año pasado un ángel me inspiraba y que este año intentaba no describir cada emoción por pensar que podía convertirse en algo reiterado, he vuelvo a escribir como si me fuera la vida en ello.
Lo cierto es que no quiero olvidar ni tan sólo un instante de él, uno de esos instantes mágicos y perfectos que la mayor parte de las veces me brindan una pizca de felicidad.
Y en realidad sé que si no estuviera enamorada de él tampoco escribiría tanto. La mayor parte de mis palabras de cada noche vienen dictadas por el corazón. Es sorprendente saber con qué facilidad salen al exterior a través de la escritura y lo mucho que me costaría decírselo a él si le tuviera delante. Inevitablemente me quedaría en blanco o me temblaría la voz o me perdería en esa mirada angelical.
Y entonces comprendí que únicamente podía quererle...
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