Es raro que un lunes a las cuatro me encuentre en casa, que pueda echarme la siesta y no tenga que mirar el reloj para marcharme. Sigo mareada, pero después de haber comido me encuentro algo mejor. Ahora es momento de siesta y me gustaría soñar con un ángel.
Otro día sin verle... Me va a dar algo. Le echo mucho de menos.
Lo cierto es que me gustaría no haber tenido que pasar por esto y estar en la oficina en este momento. No hay nada que peor lleve que tener que quedarme en casa porque la salud no está al cien por cien.

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