lunes, septiembre 12, 2011

Indefensión


Abrí los ojos en un mar de baldosas verdes. Lo primero que me pregunté es dónde me encontraba. Volví a cerrar los ojos, una, dos y hasta tres veces. Entonces me di cuenta de que estaba tumbada cual larga era en el suelo del cuarto de baño de mi casa. Ahora no comprendo cómo conseguí caer cruzando el ancho del baño y quedarme en la posición en que desperté.
Mis ojos se movieron hacia un lado y hacia otro. Mi cabeza se encontraba entre el lavabo y el bidé. Las baldosas refrescaban mi cuerpo, un extraño sudor frío se había adueñado de mi rostro y respiré varias veces antes de decidirme a levantarme y volver a la cama. Al final estuve tumbada en el cuarto de baño unos veinte minutos. En ese tiempo intentaba recordar cómo había sido todo. Comprendí que me había quedado sin conocimiento y que ese desmayo había venido sin avisar. Si hubiera sido un bajón de tensión lo hubiera visto venir.
Hacia las cinco de la mañana de la última madrugada me desperté con una sensación de sed muy grande. Caminé a la cocina a por una botella de agua que sofocara mi sed, pero el agua no consiguió calmar la sed, más bien al contrario, parecía que estaba avivando un fuego. Un fuego que me recorría el estómago, que subía por el esófago y quemaba en la garganta. Algo muy parecido a la acidez, pero multiplicado por mil. 
Entonces sentí que el agua me haría vomitar, añoré una manzanilla caliente para que me ayudara, y al dirigirme al cuarto de baño me desmayé. Nadie se enteró, nadie escuchó el golpe. En la caída me di contra el borde del bidé y tengo un chichón en un lado de la cabeza. No quiero ni pensar en ello. Parece ser que ha sido una lipotimia.
La sensación de mareo sigue muy latente, así que hoy será un día que pasar en cama, ya que me cuesta mucho ponerme ante el ordenador o leer un rato. Casi prefiero pensar en un ángel.
Mañana a primera hora tengo que hacerme análisis.

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