Disfruto de las noches tranquilas, de esas noches en que me encuentro en casa y puedo desconectar de algún modo. Adoro las noches en que la dulce imagen de un ángel de mirada perfecta se va moldeando lentamente en mi recuerdo e inevitablemente sonrío. Imagino lo que le preguntaría en estos momentos, imagino sus ojos penetrantes, su voz sensual, su enorme sabiduría. Lo que me gustaría ahora es hablar con él, sólo para darle las buenas noches, para desearle dulces sueños. Me gustaría abrazarle y susurrarle que es adorable. Me gustaría cubrirle de besos sin dejar un rincón de su piel sin la huella de mis labios.
Un día sin verle y le echo mucho de menos, siento como si me faltara algo. ¿Y qué… si me ruborizo en su presencia, si me tiembla la voz, si se tambalean mis piernas si los instantes mágicos que me brinda él son intercambiables, especiales, únicos…?
Pero mañana es jueves. Y como en jueves siempre me cruzo con él… Al menos los últimos jueves siempre le veo. A no ser que se vaya a San Mateo…
Viene un fin de semana tranquilo, no creo que a última hora cambie de opinión para ir de fiesta. Me agotan las fiestas de ciudades y me encantan las fiestas de los pueblos.
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