He dormido como un bebé. La alarma del móvil ha sonado a las ocho, como todos los días, pero qué gusto dar apagarlo y ser consciente de que te puedes pasar varias horas más durmiendo.
He ido a desayunar a la sexta planta y me he arrepentido por no haber llevado la cámara o el móvil para hacer una foto de todos los tejados de Pamplona, porque las vistas eran magníficas.
En cinco minutos me marcho a conocer la ciudad, que algo me impulsa a salir a las calles y no parar.
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