domingo, septiembre 25, 2011

Recuerdo la primera vez

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Recuerdo la primera vez…
La primera vez que le miré a los ojos y me sentí desconcertada ante la mirada perfecta de alguien que aún no conocía. Ese día volví a creer en la magia, pero algo dentro de mí me preguntaba una y otra vez quién era él, cómo podía sentir indiferencia ante alguien que no me pasó desapercibido desde ese momento, ni los días que siguieron. Así que, día a día, volvía al mismo sitio a buscar al dueño de esa mirada o una mirada sin nombre. Creo que por entonces me sentía tan hechizada que no me daba cuenta de que cada día que pasaba sin saber su nombre era una pequeña tortura a la que había de poner fin. Entonces ya tenía claro que alguien con una mirada tan perfecta como la suya sólo podía ser un ángel.
Es que nunca antes me había ocurrido algo parecido, que alguien que no conozca tenga tanta fuerza con sólo su mirada, o quizás es que nunca antes había conocido a una persona que en realidad tuviera una mirada así, tan perfecta, tan angelical, tan noble, tan perfecta, tan hermosa.
La primera vez que escuché su voz y sentíame en el cielo, que parecía que estaba bailando un vals en la noche. Una mirada como la de él no podía tener más que esa voz tan sensual. Y es que, por decirlo de alguna manera, sus palabras son como dulces caramelos que te tocan el alma y la endulzan.
La primera vez que le toqué las manos a conciencia y le dije que tenía unas manos perfectas. Recuerdo el rubor en sus mejillas y me prometí a mí misma que jamás volvería a decirle algo que pudiera hacerle ruborizar de nuevo. Creo que lo voy consiguiendo, pues no recuerdo después haberle visto ruborizarse por algo que yo le haya dicho.
La primera vez que fui a su oficina y allí apareció él, con esa sonrisa perfecta, misteriosa, cuando me preguntó por qué no le había enviado aquella postal desde Amberes. ¿Por qué? Ya no recuerdo el motivo, pero recuerdo que en Bélgica estuve en septiembre de 2009 y a él le conocí en julio del mismo año. Y él ya me gustaba mucho y yo no quería que se diera cuenta.
La primera (y única) vez que me trajo a casa. Recuerdo la noche perfecta y el viaje podría haber sido hasta Portugal, que a mí no me hubiera importado, pues la compañía era muy grata. Su perfil se me grabó en las retinas y en el corazón tan nítidamente que lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer.
La primera vez que lloré por él. El motivo fueron celos. Es curioso, porque no soy persona celosa, o al menos nunca los celos han sido motivo de preocupación. Considero que si quieres a una persona los celos deben aparecen en poca cantidad. Cuando aparecen en mucha cantidad es preocupante, pero eso es como en todos los excesos. Lloré, lloré durante días, pero no quise que él lo supiera, porque entonces me di cuenta que si no soy persona celosa y entonces sentí celos era porque ya le quería demasiado como para obviarlo.
La primera vez que me di cuenta de que estaba enamorada. Fue hace ya algunos (o bastantes) meses. Pero no lo aceptaba, no quería aceptarlo. Tenía miedo. Y supongo que hoy el amor sigue dándome bastante miedo, pero que me quiten las veces que me tiembla la voz, el rubor que se enciende en mis mejillas cuando hablo con él, el fuerte golpeteo de mi corazón cuando él se encuentra cerca, el revoloteo de un millón de mariposas en la boca del estómago, la felicidad efímera que aparece cuando él desvía su mirada hacia mí o la magia que desprende su presencia. Si el amor es esto, prefiero estar enamorada siempre. Porque este amor hace que siempre esté sonriendo, que siempre me encuentre feliz, que el día sea más luminoso, que cada minuto tenga tanto color… Y si él es el mago… pues prefiero seguir hechizada siempre. Porque lo que estoy sintiendo ahora nunca lo había sentido tan intensamente. Me siento tan viva…

Y en cada ocasión en que me encuentro con él es como una primera vez. Mañana volveré a desear cruzarme con él… como la primera vez. Y, sin duda alguna, será otra primera vez.
Cada momento de él siempre es como una primera vez, como si fuera la primera vez que me mirara, como si fuera la primera vez que escuchara su voz, como si fuera la primera vez que imaginara sus caricias o sus besos. Será que cada uno de esos instantes de él son demasiado especiales. Y además me gusta describirlos, porque todo lo que le rodea ya no es sólo que tenga magia, sino que además posee una belleza inigualable.

Esto tiene que ser amor.

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