miércoles, septiembre 21, 2011

El cinturón de piedra de Pamplona


Pamplona ha vivido cerca de dos mil años dentro de un corsé de rocas y piedras, el de los muros de la ciudad. Y eso ha marcado la fisonomía de la urbe. De hecho, el perfil de las murallas es la silueta que más caracteriza a Pamplona, falta de rascacielos y rebozada en adoquines. Estos murallones se han fusionado con el pálpito de una ciudad pacífica y moderna y sus defensas son hoy parte de los principales parques de la ciudad. Tranquilas áreas verdes, de ocio o incluso de arte, reposo y sosiego.

Por la noche me he paseado por las murallas, solo y pensativo. Hay días en la vida que remueven en nosotros todo el pasado. Estaba lleno de ideas inexpresables. La hierba de las contraescarpas agitada por el viento silbaba débilmente a mis pies. Los cañones pasaban sus cuellos entre las almenas como para mirar el campo. Las montañas del horizonte, difuminadas por el crepúsculo, habían cogido unas formas magníficas; el llano estaba oscuro; el Arga, rizado por mil reflejos luminosos, se deslizaba entre los árboles como una culebra de plata.
Al pasar por delante de la entrada de la ciudad, he oído el chirrido de las cadenas del puente levadizo y la sacudida sorda del rastrillo que caía. Acaban de cerrar la puerta; en aquel momento salía la Luna. Entonces, perdonadme el ridículo de citarme a mí mismo, estos versos que escribí hace quince años me volvieron a la mente:
Siempre dispuesta para el combate, la oscura Pamplona antes de dormirse bajo los rayos de luna, cierra su cinturón de torres”.
Víctor Hugo, Los Pirineos, 12 de agosto de 1843


La repisa fortificada de Pamplona se encuentra en plena restauración y reintegración con el resto de la ciudad. Si miramos hacia dentro nos ofrece el ángulo de los rincones más peculiares de la capital de Navarra; hacia fuera el culebreante curso del río Arga, las huertas, los populares y bulliciosos barrios de la Chantrea y la Rochapea y las montañas del norte de la cuenca pamplonesa, como el prominente y cercano monte Ezkaba-San Cristóbal.
Fue en 1512 cuando el Reino de Castilla conquistó Navarra, cuando la ciudad experimentó los mayores cambios en su estructura y puso patas arriba sus defensas, robusteció sus gruesos muros y los orientó mirando al norte, hacia Francia. Fue el miedo a una Reconquista por parte de los reyes navarros destronados o un ataque desde el reino francés lo que obsesionó a las guardias de la ciudad. Las actuales murallas de Pamplona son renacentistas. De hecho, son uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura militar del Renacimiento europeo.

La capital navarra se convirtió en fortaleza urbana. Levantaron baluartes puntiagudos y con torres redondas al estilo italiano, rajaron la tierra para abrir fosos y engordaron los muros parapetándolos contra los cañonazos enemigos. Y la vieja Iruña ganó fama en toda Europa de ciudad inexpugnable. Tanta fama que nadie intentó poseerla en los siglos siguientes. La única vez que sus muros fueron tomados no se disparó ni una sola bala. En su época, Pamplona se convirtió en vanguardia de las fortificaciones del Viejo Mundo. Emplearon a los mejores ingenieros de la época y el modelo de la fortaleza pamplonesa se imitó después en Estrasburgo y Amberes.

Resultado de imagen de fronton labrit pamplona
Frontón Labrit

Junto a los muros de piedra, el primer edificio digno de mención es el Frontón Labrit, el Templo de la Pelota. Ésta es la principal cancha de la ciudad, donde se juegan los partidos de Pelota de liga profesional y de categorías inferiores y aficionados. A menudo se le conoce como “la bombonera pamplonesa”. Está a escasos metros de la Plaza de Toros y de la Calle Estafeta, en la bajada de Juan de Labrit (último Rey de Navarra en 1512).

Es aquí donde se vive la épica del deporte, la Pelota Vasca, capaz de competir en protagonismo con el fútbol. La Pelota se practica principalmente en Navarra, País Vasco, La Rioja y en los vecinos departamentos del País Vasco francés, aunque también en muchos lugares de América Latina y otros de Asia, como Filipinas.
Detrás del frontón se encuentra la plaza de Santa María la Real, que hasta el siglo XV formó parte de la antigua judería de la ciudad y actualmente es una plazoleta ajardinada frente al Palacio Arzobispal.

Resultado de imagen de acceso baluarte labrit
Acceso al Baluarte de Labrit

El baluarte de Labrit se encuentra junto a la plaza, y se trata de una de las robustas y descomunales esquinas de este cinturón empedrado. Se accede al baluarte a través de unas escaleras que se encuentran al fondo de la plaza. Habitualmente, la azotea más elevada de este baluarte se encuentra cerrada.

Resultado de imagen de baluarte san bartolome pamplona
Baluarte de San Bartolomé

Desde allí se puede observar el cercano baluarte de San Bartolomé, recientemente restaurado y, sobre él, el Parque de la Media Luna.
Junto al Baluarte de Labrit comienza el paseo de la Ronda de Barbazán, un recorrido idílico por las espaldas de la catedral de Pamplona y junto a los muros. La tranquilidad queda en evidencia al asomarse a las troneras y garitas militares, descubriendo un sinfín de vestigios bélicos.

Cuenta la antigua leyenda que Arnaldo de Barbazán era un obispo que vivió y murió en el siglo XIV y fue enterrado en la capilla que lleva su nombre en la catedral. A principios del siglo XX, durante unas obras, desenterraron sus restos y, para asombro de todos, su cuerpo apareció impoluto y con todas las vestiduras intactas. El rumor de tal hallazgo se difundió por toda la ciudad y las autoridades eclesiásticas fueron obligadas a exponer al público durante una semana los restos del obispo para satisfacer la curiosidad de los pamploneses.

Resultado de imagen de trasera catedral de pamplona
Trasera de la Catedral de Pamplona

Junto al Paseo de Barbazán queda la trasera de la Catedral, que asoma como el mascarón de proa de un barco y deja ver sus remiendos, arreglos y parches de diferentes épocas.

Resultado de imagen de baluarte del redin
Baluarte del Redín

Muy cerca, se encuentra uno de los rincones más concurridos de Pamplona: el Baluarte del Redín. Ésta fue, en su día, la esquina más inexpugnable del caparazón defensivo de Pamplona. Era la más inaccesible, debido a su forma estrellada de tres puntas que permitía a los cañones cubrir todos los ángulos de tiro y obligaba a las tropas enemigas a dividirse. Hoy en día es un rincón emblemático de la ciudad y uno de los más queridos por los pamploneses. Este lugar recibe, cariñosamente, el nombre de “Rincón del Caballo Blanco”. Este rincón es íntimo, romántico y recuerda a la pequeña plaza de un pueblecito. El alma y corazón de esta esquina es el Mesón del Caballo Blanco, un pequeño palacete medieval reconstruido, el de los Aguerre, que actualmente es un restaurante.

Resultado de imagen de hotel maisonnave
Hotel Maisonnave en la Calle Nueva de Pamplona

El palacete que ocupa el mesón estuvo antes en la calle Nueva y fue derribado en 1958 para construir el actual Hotel Maisonnave (donde yo estuve alojada estos días, por cierto), así que el antiguo palacio de los Aguerre, originario del siglo XVI, fue trasladado piedra a piedra y reconstruido con aires románticos en su ubicación actual. En realidad es un castillo en miniatura intacto y cuidado en los últimos siglos. Su interior está coronado por una bóveda íntegramente medieval y que, durante muchos años, acogió a un curioso local de sidras y brebajes llamado “El Chacolí de Culancho”.

Resultado de imagen de rincon del caballo blanco pamplona
Rincón del Caballo Blanco

Adosado al mesón, se levanta una casa de tres plantas muy peculiar. Su diseño arquitectónico recuerda al típico caserío vasco del norte de Navarra. Además, está comunicada con el edificio que se encuentra al otro lado de la calle del Redín mediante un pasillo en altura.

Resultado de imagen de eguzkilore pamplona
Eguzki-Lore

En esta casa suele ser habitual encontrar sobre el dintel de uno de sus portones de madera una “eguzki-lore” (una carlina, literalmente “flor de sol”). Esta flor silvestre, que crece en la sierra de Urbasa y en los Pirineos, es utilizada –según la mitología vasca- para defenderse de los malos espíritus cuando se oculta el sol. Se coloca en la puerta del hogar para proteger a toda la familia.
En el Rincón del Caballo Blanco hay una cruz medieval conocida como “la Cruz del Mentidero”. Desde el año 1500 permaneció en la confluencia de las calles Mercaderes, Estafeta y Curia, y sirvió para el ajusticiamiento público en ese lugar al que llamaban, por ese motivo, “el mentidero”.

Resultado de imagen de portal de francia en pamplona
Portal de Francia

El Paseo del Redín desciende en una empinada cuesta hacia la calle del Carmen y su Portal de Francia o Zumalacárregui, una de las principales puertas de estas murallas que sigue en pie según su forma original.

Sigue la calle de los Barquilleros con excelentes vistas sobre el río Arga a su paso por el Barrio de la Rochapea-Errotxapea (una denominación que es mezcla de romance y euskera: “rocha” en latín romance significa “roca” y “-pea” en euskera es un sufijo que sirve para indicar “debajo de”, por lo que el nombre del barrio viene a significar “Debajo de la Roca”).
Esta zona de las murallas de Pamplona ha sido restaurada recientemente y se recuperó para la ciudad, tras haber sufrido largos años de abandono. Aquí se encuentra el moderno Hotel Puerta del Camino, inaugurado en el año 2009, que ocupa el antiguo convento de las monjas adoratrices del año 1846.

Palacio de los Reyes de Navarra, actual Archivo de Navarra

Aquí se encuentra el Palacio de los Reyes de Navarra, antigua Capitanía General y actual Archivo Real y General de Navarra. El edificio, en sí mismo, es un emblema de la propia Pamplona, donde se conjugan la Historia y la modernidad. El Palacio se mantiene sobre los primitivos cimientos del primer palacio real construido en 1198 por orden del rey Sancho VII. Por fuera, ofrece un aspecto de impoluta brillantez y modernidad, fruto de la reforma que el arquitecto navarro Rafael Moneo llevó a cabo en el año 2003, dotándole de un aire de robustez y contundencia histórica, al mismo tiempo que lo convertía en una vanguardia arquitectónica. En su interior se entremezclan vigas y contrafuertes antiquísimos con bóvedas de cristal de última generación.

El edificio es la actual sede del Archivo Real y General de Navarra, que guardia la memoria escrita y documental del Reino de Navarra. En el Archivo se conservan legajos y documentos que dan cuenta del transcurrir político, social y económico del Reino desde sus albores hasta la actualidad. Se conservan todos los documentos de la Cámara de los Comptos de Navarra, que controlaba hasta el último céntimo gastado por las arcas públicas desde el año 1365. También se encuentran en el Archivo las actas de las Cortes de Navarra, las resoluciones de los tribunales del Reino, órdenes, disposiciones, poemas, cartografía, hipotecas medievales, etc.

Resultado de imagen de san fermin de aldapa
Basílica de San Fermín de Aldapa

Junto al Archivo se encuentra la Basílica de San Fermín de Aldapa (también llamada “de San Fermín Txikito”). En su interior hay una pequeña talla del santo y se supone que esta iglesia se encuentra donde se encontraba la casa original de San Fermín, en el siglo I de nuestra era.

Paseo de Ronda

Muy cerca se encuentran la cuesta de Santo Domingo y el Paseo de Ronda de las murallas. El Paseo de Ronda es el espacio que discurre junto a las almenas de las murallas y recibe ese nombre porque ése es el recorrido que hacían los soldados para vigilar el horizonte y los alrededores, haciendo guardias para proteger la ciudad.

Vistas de Pamplona y el río Arga desde el Paseo de Ronda

El Paseo de Ronda recorre toda la trasera del antiguo Burgo de San Cernín. Se trata de uno de los mejores miradores de la ciudad.

Muralla desde el Paseo de Ronda

Siguiendo el curso de la muralla por el Paseo de Ronda, se llega a la Plaza de la O, un pequeño rincón del Casco Viejo pamplonés que, durante el día, destaca por su reposo y tranquilidad, así como por su mirador.

Resultado de imagen de portal nuevo pamplona
Portal Nuevo

Desde esta plazuela, hay unas escalinatas que llevan a los pies del Portal Nuevo. Este portalón es el de más reciente construcción de todo el complejo amurallado. También es el más grande y de mayor envergadura, permitiendo el paso de la carretera por debajo. Fue construido en 1950 por Víctor Eusa, sustituyendo a los arcos que habían existido en ese mismo lugar con anterioridad.

Cruzando las torres del Portal Nuevo, se llega al Parque de la Taconera, el más antiguo de la ciudad. Desde este parque es posible acceder a la Ciudadela de Pamplona por la Avenida del Ejército.

Las murallas de Pamplona constituyen la mayor obra constructiva de la ciudad durante la Edad Moderna. El complejo comprendía primero el cinturón de las murallas y el castillo, y más tarde también la Ciudadela. Era la obra más admirada del Reino de Navarra y numerosos monarcas españoles enviaron expertos e ingenieros para examinarla y plantear mejoras que la mantuviesen siempre a la vanguardia de los complejos defensivos. Se la consideraba el baluarte defensivo más importante de la Península y el propósito era modernizar constantemente el aparato bélico para hacer de ella una fortaleza poderosa e inexpugnable.

No hay comentarios: