
“Todo lo que tengo lo doy por un cañón pirata”.
Adoro las historias de piratas, desde siempre. Las adoro porque siempre los he visto como los villanos adorables, siempre robando, pero a la vez siempre con ojo avizor, porque no sabían nunca lo que les podía deparar la mañana siguiente. Obviamente, mi fascinación por las novelas de piratas sólo es literaria. La realidad fue algo mucho más crudo.
Había oído hablar de la trilogía de Matilde Asensi, una trilogía de la que aún no se ha publicado (y quizás en estos momentos se esté fermentando) la tercera parte. Y sabía que era de piratas, aunque es cierto que en este primer libro los protagonistas no son piratas como tal, aunque llegan a convertirse en contrabandistas, sino que más bien se trata de saborear una venganza que incluso al lector le deja con un buen sabor de boca.
Catalina Solís, hija de un artesano de la espada toledana, embarca en un barco, junto a su hermano Martín, rumbo a Tierra Firme, la recién descubierta tierra al otro lado del mar. Su padre había sido denunciado y condenado por la Inquisición, mientras su madre apareció ahogada en una charca al no soportar el dolor. Un tío que se encuentra en América la casa con Domingo Rodríguez, un joven que se encuentra en Tierra Firme.
Pero el barco es apresado por corsarios ingleses. Catalina observa cómo asesinan a su hermano y su dueña la atavía con las ropas masculinas de su hermano y la echa al mar, junto a una mesa de madera que la llevará a una isla desierta.
Catalina lleva sus documentos, pero en aquel pedazo de tierra no le servirán de nada. Durante casi dos años aprenderá a sobrevivir en aquel islote, hasta que un día llega un barco, la Chacona, y ella es encontrada por dos marineros. Como ella lleva ropas de hombre, decide hacerse pasar como tal cuando la llevan ante el maestre, un hombre entrado en años, un mercader honrado llamado Esteban Nevares. El anciano se da cuenta de que ante él tiene a una mujer y la hace confesar en solitario. El maestre decide adoptarla como hijo y le explica que no puede entregarla a Domingo Rodríguez, porque es un joven deforme, casi un animal, y que la joven no se merece tal destino. A partir de ese momento, Catalina Solís se convertirá en Martín Nevares.
María Chacón, la barragana de Esteban Nevares, no ve con buenos ojos que un día su marido aparezca en Santa Marta con un hijo ilegítimo, pero ella también se da cuenta de que lo que tiene ante sus ojos es una mujer con ropas de hombre. Deciden guardar el secreto.
Catalina, Martín Nevares a los ojos de todo el mundo, es tratada como un hombre, acompañará a su padre adoptivo comerciando de isla en isla, hasta que descubre el motivo por el que un anciano aún continúe surcando los mares. En el rico puerto de Cartagena, cada tres meses, Esteban tiene que entregar una cantidad insensata de doblones de oro a Melchor de Osuna, un comerciante fraudulento que hizo un contrato con Esteban por unas mercancías que nunca llegaron al Nuevo Mundo. Si Esteban faltara a su cita trimestral, se quedaría sin casa, sin dinero y sin barco. Melchor está esperando a que muera, y Esteban ha enviado la documentación necesaria a España para que se legitime a Martín como su propio hijo.
Un día, cuando vuelven a casa, les hacen señas desde una isla. Allí aparece el rey Benkos, un antiguo esclavo que fue traído de África y que logró escapar. Benkos era un rey en África y todos los esclavos negros africanos le tratan como tal. Estos hombres se escapan de las casas donde les tratan mal y corren en busca de un palenque donde se encuentran los hombres del rey Benkos. El africano necesita armas para los suyos, para poder luchar contra el gobernador, para poder luchar por su recién adquirida libertad. Es así como Benkos y Esteban Nevares llegan a un trato por el que Esteban Nevares se convierte en contrabandista. Busca las urcas holandesas en las salinas, pues sabe que son las que portan armas, y los holandeses le piden únicamente tabaco, pero las cantidades de tabaco cada vez son más excesivas y las plantaciones no siempre son buenas. Además, cada trimestre tiene que acudir a Cartagena para entregar los doblones al de Osuna.
Martín se da cuenta de que su padre no durará mucho con tanto estrés, así que opta por trazar un plan y para ello buscará al rey Benkos. Tramará un plan para derrotar a Melchor de Osuna, que está protegido por sus primos los Curvos (comerciantes que han conseguido enriquecerse gracias a unos buenos matrimonios), termine en prisión, pero sobre todo para acabar con el contrato injusto que le hizo a su padre.
Harán que desaparezca Esteban Nevares de la misma casa del de Osuna, mientras el viejo mercader es refugiado en uno de los palenques del rey Benkos. Martín escribirá una larga carta a los Curvos, que se desentienden de su primo Melchor y derogan el contrato que tenía Melchor con Esteban de por vida.
Entonces Benkos les pide armas. Martín recuerda los cañones escondidos en una laguna de la isla desierta donde naufragó, cañones llenos de guano, y se da cuenta de que es un tesoro pirata, según dicen los refranes. Van a recuperarlo y, cuando vuelve a Cartagena, le comunican que su marido Domingo Rodríguez y su tío Hernando han fallecido, por lo que es una mujer rica con doble identidad. Ella dice que va a ser Catalina Solís en las propiedades de sus familiares muertos, pero no puede prescindir de la libertad de Martín Nevares en la Chacona.
Me ha encantado. Tanto que no veo por empezar la segunda parte.
Me ha encantado. Tanto que no veo por empezar la segunda parte.
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