Adoro estos momentos, tras la cena y antes de dormir, en que sólo se escucha el silencio. Esos momentos en que piensas en el día que acaba, en que aún hace calor, pero por las noches refresca, en que piensas en qué te deparará mañana.
No voy a tentar al destino preguntándome si me cruzaré con un ángel o no, porque visto lo de los últimos días es preferible no pensarlo y si he de verle le veré, en cambio si no tenemos que encontrarnos no nos cruzaremos. Aunque me gustaría verle, claro. Porque él da color a los días, luz al mundo, magia a la vida.
Ya vuelvo a echarle de menos.
Cuando llevas mucho tiempo sin ver a una persona a quien tanto anhelas, a quien tanto quieres parece como si se activara en tu interior el botón de los recuerdos y de repente te encuentras evocando esos magníficos momentos de él y anhelando volverle a ver mañana…
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