Creo que este fin de semana no sólo caminaré mucho. También dormiré. Adoro esa sensación de tener una cama gigante para mí sola, cubrirme hasta la nariz e imaginarle a mi lado. Me pasa en todos los hoteles a los que voy: desde que le conozco siempre le imagino a mi lado. En verdad soy algo sibarita. Hotel de cuatro estrellas, en pleno corazón de la ciudad, con una cama gigante y spa. Ahora acabo de comprobar que las habitaciones tienen conexión adsl, así que mañana decidiré si también me llevo el portátil o me bastará el móvil.
¿Por qué me voy? Simplemente creo que no termino de desconectar los fines de semana del trabajo. Por tanto, hace unos meses pensé en que cuando haya un día festivo que alargue el fin de semana me iré a cualquier sitio cercano. Y como no me cuesta que este tipo de ideas, después de haberlas meditado, se hagan realidad, pues dicho y hecho. El verdadero motivo se lo he dicho sólo a una persona. Estoy en contacto con tanta gente al cabo del día que hay muchos días que llego a casa muy quemada. Es un desgaste mental terrible, tanto que a veces ni siquiera tengo tiempo ni ganas para hacer otro tipo de actividades con las que disfruto, a veces siento que el tiempo de ocio cada vez disminuye un poco más.
En Burgos nos han dicho infinidad de veces que este trabajo no es agradecido. Yo me pongo la sonrisa cada mañana al levantarme, aunque en realidad es pensar en un ángel lo que me hace sonreír muchos días al abrir los ojos, pero aquí la gente muchas veces viene gritando, otras vienen contándote sus problemas, hay quienes te intentan presionar y una mínima parte, muy pequeña ciertamente, te agradece algo de vez en cuando. Al final, llegas a la conclusión de que son sus problemas y no los tuyos, pero aunque te conciencies de esto, el desgaste sigue siendo terrible.
A él se lo expliqué brevemente. Es tan sencillo hablar con él. Daría un mundo por decirle que se viniera conmigo, no importa dónde, simplemente marchar, correr hacia el viento, sentirnos libres. Daría un mundo por compartir un millón de cosas con él y no sería suficiente. Porque amar es como una droga: siempre queremos más y más. Daría mucho más porque él compartiera un millón de cosas conmigo, y tampoco sería suficiente.
Creo que él me entendió perfectamente, creo que comprendió esa necesidad de escapar de lo conocido en busca de otros aires, de rincones desconocidos, de rostros nuevos. Siempre he sentido esa necesidad de escape, que no es una huida, sino la necesidad de aires nuevos.
Mi hermano piensa que tengo "algo" en Pamplona. Está obcecado en que he quedado con algún amigo allí. En fin, le expliqué todo el rollo de la desconexión, pero no me cree. Lo cierto es que sólo quiero a una persona y, aunque me gustaría pasar el fin de semana en cualquier rincón del mundo con ese ángel de mirada perfecta, lo cierto es que no será así. Esta vez sí que es un viaje rápido donde el tiempo será completamente mío, de nadie más.
Mi hermano piensa que tengo "algo" en Pamplona. Está obcecado en que he quedado con algún amigo allí. En fin, le expliqué todo el rollo de la desconexión, pero no me cree. Lo cierto es que sólo quiero a una persona y, aunque me gustaría pasar el fin de semana en cualquier rincón del mundo con ese ángel de mirada perfecta, lo cierto es que no será así. Esta vez sí que es un viaje rápido donde el tiempo será completamente mío, de nadie más.
Me caigo de sueño y aún ‘destriparé’ un libro esta noche.
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