
Desde siempre, las fiestas de San Fermín han marcado un ‘antes’ y un ‘después’ en todas y cada una de las personas que las han disfrutado. Quizá sea por su espíritu popular, porque se viven en la calle o, simplemente, porque la fiesta se lleva dentro. Lo cierto es que del 6 al 14 de julio Pamplona se convierte en la capital del mundo, en el encuentro de multitud de culturas, en la ciudad en la que nadie se siente extraño.
Como publicaba el 7 de julio de 1896 el diario pamplonés El Eco de Navarra, las fiestas de San Fermín “llevan un sello de originalidad que es muy difícil de encontrar en otras partes. La variedad de festejos; la abundancia de espectáculos gratuitos para esparcimiento del pueblo; la parte que toman las clases todas en las fiestas, ofreciendo un cuadro agradabilísimo de hermosa fusión en el que el grande y el pequeño, el rico y el pobre se divierten sin que exista esa separación que las preocupaciones sociales suelen establecer en algunas poblaciones… Todo ese conjunto armónico de colores brillantes presta una fisonomía especialísimo a Pamplona en estos días y contribuye a que el forastero que nos visita por primera vez forme el propósito de volver en años sucesivos a la capital de Navarra”.
Porque San Fermín es la Fiesta de las fiestas.
El Chupinazo

El 6 de Julio de 1941 Joaquín Ilundáin salió al balcón central del segundo piso del Ayuntamiento de Pamplona y, tras saludar a los cientos de personas que se encontraban en la Plaza Consistorial, prendió la mecha al primer Chupinazo de la Historia. Desde entonces, el estallido de un cohete en el cielo pamplonés marca el inicio de las fiestas de San Fermín. Con el estallido del Chupinazo comienzan 204 horas de fiesta en la calle y sin parar.
A las 12 del mediodía del 6 de julio el Chupinazo marca el inicio de la fiesta. Es uno de los actos sanfermineros más conocidos en todo el mundo y, sin embargo, uno de los más actuales. Desde que en 1941 se lanzara el primer Chupinazo de inicio de las fiestas, nunca se ha suspendido en 70 años.
Joaquín Ilundáin, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Pamplona, y el periodista José Mª Pérez Salazar presentaron en 1941 la idea de lanzar un cohete desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona como inicio oficial de las fiestas de San Fermín. La iniciativa se hizo realidad el 6 de julio de 1941.
“Hace muchos años que no hemos conocido una víspera de San Fermín tan de reventón como el que advertimos el día 6”, decía el Diario de Navarra y puntualizaba: “La Peña 'La Única' con su charanga, las tres músicas de la población, la banda de trompetas de los carros de combate, las parejas de gaiteros y las de txistularis y un gentío inmenso se congregaron a las 12 en la plazuela Consistorial, y así que sonaron los chupinazos inaugurales de las fiestas y repicaron alegres las campanas de todas las torres de la población. Partieron de dicha plazuela dichas bandas y dulzaineros y se diseminaron por las calles tocando pasodobles, entre el alborozado estrépito de la mocina que les rodeaba y precedía en continuo jaleo”.
El primer Chupinazo de la Historia lo lanzó Joaquín Ilundáin y recogió una tradición que comenzó en el año 1901, cuando se adoptó el hábito de lanzar varios cohetes desde la Plaza del Castillo al llegar el mediodía del día 6 de julio. El diario El Pensamiento Navarro describía aquel primer lanzamiento de cohetes: “La Plaza del Castillo se llenó de gran animación y presentaba turbas y chicos y balcones engalanados”.
Hasta entonces, el primer acto festivo de los Sanfermines era la marcha de las autoridades municipales, con el acompañamiento de maceros, gigantes, músicos, dantzaris y pamploneses hasta la parroquia de San Lorenzo para participar en la función religiosa de las Vísperas cantadas en honor a San Fermín.
Desde el año 1941, el Chupinazo no se ha suspendido nunca. En 1952 se lanzó desde la sede provisional del Ayuntamiento, que se encontraba en obras, y fue en la Escuela de Artes y Oficios de la Plaza de Argentina (actual Plaza del Vínculo). En el año 1991 el alcalde Alfredo Jaime encendió la mecha junto con José Mª Pérez Salazar.
El cohete del Chupinazo está hecho de mano, mide 1,20 metros de largo, 14 milímetros de diámetro y pesa 20 gramos. Tiene tres gramos más de explosivo que el resto de cohetes que se lanzan posteriormente. Está compuesto por un detonador de aluminio y percorato y una mecha de algodón y pólvora negra. El sonido que se alcanza en el momento del Chupinazo es de 133 decibelios, igual al despegue de un avión a reacción.
La primera mujer que prendió el cohete fue la concejala Elisa Chacartegi Sánchez en 1981. La designación de la persona encargada de lanzar el Chupinazo es potestad del alcalde. En el año 1980 se estableció el criterio de ceder cada año el lanzamiento del cohete a un grupo político municipal, por orden de mayor a menor representación. El ciclo se renueva cada cuatro años, con el cambio de mandato. Julián Balduz ha sido el único alcalde que nunca ha lanzado el Chupinazo.
Dónde ver el Chupinazo
En el momento del Chupinazo se agolpan en la Plaza Consistorial más de 12.000 personas, sin contar las 30.000 que se congregan en las calles adyacentes. Para acceder al centro de la plaza hay que acudir con al menos dos horas de antelación y aguantar la lluvia de toda clase de bebidas e incluso comidas. Es conveniente llevar calzado deportivo y ropa cómoda para soportar el tiempo de espera hasta las doce del mediodía. Es desaconsejable acudir con niños o personas mayores, o si se es propenso a mareos o claustrofobias. Por lo menos, hay que vivirlo una vez en la vida.
Otra posibilidad es alquilar uno de los balcones de los edificios que se encuentran en la propia plaza del Ayuntamiento. Semanas antes del inicio de las fiestas, en muchos de ellos cuelgan carteles con teléfonos de contacto para su alquiler.
También se puede ver el Chupinazo a través de las pantallas gigantes situadas en diferentes puntos de la ciudad: Paseo Carlos III, Plaza del Castillo, Paseo Sarasate, Parque de Antoniutti y Plaza de los Fueros.
El Chupinazo se puede disfrutar, además, a través de la radio, la televisión e Internet.
Vaquillas

No suele revestir peligrosidad, aunque en el año 2006 un joven estadounidense sufrió una paraplejía durante el festejo de las vaquillas. Hasta el año 1898 no figuró en el programa oficial. Ese año se liberaron en la plaza tres novillos, que se convirtieron en varios a partir de 1931 y en vaquillas emboladas desde el año 1963.
Todos los días se sueltan cuatro vacas en la Plaza de Toros tras el encierro. Los animales corren por la arena procurando empellones a cuantos aficionados salen a su paso para recortarlas. Se trata de una suerte de tauromaquia muy arraigada en Navarra: un cuerpo a cuerpo entre la res y el corredor.
Durante los Sanfermines en la Plaza de Toros, sobre las once de la mañana, se celebran el Concurso de Cortes con Toros y el Concurso de Ganaderías Navarras de Lidia en modalidad anillas.
La fiesta en la calle
La calle es el escenario en el que se celebran los Sanfermines, el escenario que da a las fiestas su carácter abierto y participativo. Todos, pamploneses y visitantes, se funden y confunden. Las fiestas de San Fermín comienzan y terminan en la calle. Quizá por esto sean unas fiestas singulares, en las que para integrarse con estar en la calle es suficiente. A todas horas y en todos los lugares encontramos música y actos que llaman la atención. Tan sólo hay que salir a la calle y disfrutar de ellos.
Las Peñas
Uno de los grandes sustentos de las fiestas de San Fermín son las peñas. La música de sus charangas llenan las calles de Pamplona, aunque su principal actividad se centra en la corrida de toros. Desde las cinco de la tarde, las peñas abandonan sus sedes y, precedidos por la pancarta, se dirigen bailando hacia la Plaza de Toros. Allí confluyen las 16 peñas, que siguen con su música colorista durante la corrida.
Tras la corrida (20.30h.), las peñas abandonan el coso, por orden de antigüedad, interpretando sus himnos y bailando sus pancartas. Desde allí, cada una regresa a su sede, donde continuará la fiesta. Éste es uno de los momentos más calientes de los Sanfermines.
Las peñas hacen que el marco de las fiestas sea toda la ciudad y que la alegría sea contagiosa. Llevan al extremo la máxima de los Sanfermines: la fiesta está en la calle.
‘La Única’ es la peña más antigua de las que existen en la actualidad, ya que fue fundada en el año 1903. Las más jóvenes son ‘Rotxapea’ y ‘Sanduzelai’, que surgieron en 1979.
Una semana antes del inicio de las fiestas de San Fermín, las peñas de Pamplona organizan el “Día de las Peñas” o “Peñen Eguna”, en el que se celebran diferentes actos, entre los que destacan la presentación de las pancartas de cada grupo. También se celebra en este día el tradicional Campeonato de Goitiberas.
Las peñas nacieron por y para las fiestas de San Fermín. Fue en el año 1852 cuando las cuadrillas de mozos hicieron su aparición en el tendido de la Plaza. Aquellas cuadrillas, bautizadas con nombres como ‘El Trueno’, ‘La Ochena’, ‘La Cuatrena’ o ‘El Llavín’, portaban de estandarte una sencilla pancarta con dibujos, letrillas y saludos a los forasteros, a los pocos forasteros que en aquella época acudían a las fiestas de Pamplona.
La pancarta que exhibe cada peña suele reflejar la actualidad social y política de todo un año de manera irónica. El pintor Pedro Martín Balda, fallecido en diciembre de 2009, ha sido uno de los autores más famosos de las pancartas de las peñas. En total, realizó entre los años 1943 y 2000 un total de 147 pancartas para doce peñas diferentes. La primera la dibujó en 1943 para la desaparecida peña ‘Iruñaki’ y la última en el año 2000 para ‘Oberena’.
El encierrillo
El respeto al toro en Pamplona es pura liturgia. Los astados que corren en el encierro son trasladados la noche anterior desde los corralillos del Gas a los de Santo Domingo. La noche ampara al verdadero protagonista de los Sanfermines en sepulcral silencio.
A la luz de la luna y en completo silencio, el encierrillo supone el primer contacto de los toros con las calles de Pamplona. El acto consiste en el traslado desde los corralillos del Gas hasta los de Santo Domingo de los seis astados que correrán el encierro del día siguiente y que se lidiarán por la tarde en la Plaza de Toros. A diferencia del encierro, es un espectáculo que se contempla en silencio y se realiza sin corredores.
El recorrido es de 440 metros y se mantiene invariable desde 1899, año en que el Ayuntamiento decidió utilizar las instalaciones de la antigua fábrica de gas para alojar a los toros castellanos y andaluces que se traían para las fiestas. Desde los corralillos del Gas los toros atraviesan la calle Taconera, la Cuesta de Curtidores y la Cuesta de Santo Domingo hasta los corrales de Santo Domingo, ubicados justo al inicio del encierro en la calle del mismo nombre.
Acompañados por pastores y cabestros, los toros comienzan el recorrido con el ancestral sonido del cuerno. El toque de un primer clarín anuncia que el corral de Santo Domingo está libre. Un guardia en el puente de la Rochapea, al oírlo, da un segundo toque: la subida a los corrales está también despejada. Entonces sale la manada con los pastores.
Se reparten 200 pases diarios gratis en el Ayuntamiento para los encierrillos.
El Apartado
El apartado consiste en separar a cada uno de los toros para la corrida de la tarde, en el curso de un acto colorista y animado, para el que es preciso pagar previamente una entrada. En Pamplona, este acto tiene un carácter más social que taurino, por lo que, además de aficionados, por allí desfilan personajes conocidos que aprovechan para degustar un fino andaluz o saborear unas criadillas de toro o un pincho de chistorra.
Antes de separar a los toros se procede a sortearlos. Los representantes de los tres matadores hacen tres lotes con los astados. En la selección equilibran características opuestas. Una vez alcanzado el acuerdo, anotan los números de los animales e introducen el resultado en el interior del sombrero de un mayoral. Se extraen las papeletas correspondientes a los tres lotes y se adjudican a cada uno de los toreros por orden de antigüedad. Sorteados los astados se verifica el apartado, proceso por el que se aísla a cada todo a través de corralillos comunicados entre sí.
Pobre de mí

Todo lo que empieza tiene que terminar. Después de ocho días y medio de fiesta, los pamploneses lamentan el final de los Sanfermines con el Pobre de Mí. La Plaza Consistorial vuelve a ser el punto de reunión de miles de personas que entonan una triste letanía que dice.
“Pobre de mí, pobre de mí,
que se han acabau las fiestas
de San Fermín”.
Las doce campanadas de la medianoche anuncian el final de los Sanfermines. Las velas son la metáfora de la alegría que se apaga y de la ilusión de las fiestas del próximo año. De hecho, otro de los cánticos que se alternan es el “Ya falta menos, ya falta menos p’al glorioso San Fermín”. Como sucede en el Chupinazo, la máxima autoridad municipal sale al balcón para agradecer la participación de los pamploneses y convidarles para las fiestas del año venidero. Una traca de cohetes lanzada desde la Plaza de Burgos marca el final de las fiestas.
Según marca la tradición, el pañuelo rojo hay que quitárselo en la medianoche del día 14 de julio. En los últimos años se ha arraigado la costumbre de dejar colgados los pañuelos en las rejas exteriores de la Capilla de San Fermín y en la verja de la puerta de la Iglesia de San Lorenzo. Junto al pañuelo se deja la vela que acompaña a los participantes en el Pobre de Mí.
Se cree que fue la peña ‘Los de Siempre’, compuesta por navarros afincados en San Sebastián, la que creó durante la IIª República el Pobre de Mí. Oficialmente se incorporó al programa de fiestas en el año 1968. Desde 1980 también se celebra el Pobre de Mí en la Plaza del Castillo.
2 comentarios:
Vaya pamplonica o iruñesa que has estado este mes, pro lo que puedo leer así por encima.
Supongo que has estado en Pamplona y ¿en Sanfermines?
Espero que lo pasaras bien ,es una de mis ciudades preferidas de la península.
Un saludo.
No conocía Pamplona y, efectivamente, como tenía fiesta local el lunes 19, decidí marchar a un lugar cercano. Como no conocía Pamplona más que por la tele, decidí que sería buena idea ir allí. Me encantó la ciudad, muchísimo.
Saludetes
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