
Hoy he hablado por teléfono con alguien. Aunque evite llamarlo yo misma, a veces tengo que hacerlo por cuestiones laborales (por lo general, son mis compañeras las que llaman, sólo que por las tardes ellas no están). Pero esas conversaciones me llevan lejos, a pensar en otra persona emparentada con la que escuchaba al otro lado del teléfono. Es tímido -alguien me lo dijo una vez-, pero yo prefiero trabajar con él. No tanto por tener lazos sanguíneos con esa otra persona, sino porque me gusta su forma de trabajar. Y porque es joven (me gusta trabajar con gente joven). Y porque me acuerdo de cómo le conocí el día que me iba a Malta, abordándole por la calle: "Tú eres...". Y, sobre todo, porque me recuerda a...
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