miércoles, abril 14, 2010

Lo que no puede ser...

Cada vez que suena mi móvil, tengo una ilusión. Por eso cierro los ojos antes de enfrentarme al nombre que va a aparecer en la pantalla. Cada vez que suena el móvil, cada llamada significa una esperanza rota. Nunca es el nombre que yo quiero ver reflejado.
¿Qué tipo de crueldad es ésta que me está matando lentamente? Me he esmerado escribiendo hoy, en folios de color amarillo y, a medida que escribía, sentía que las desgarradoras lágrimas del alma resbalaban por mis mejillas. Paraba cada vez que me sonaba el móvil, deseando cada vez más tumbarme en la cama y cerrar los ojos, no pensar en nada. Y, sin embargo, aún me quedan por cubrir seis kilómetros, sacar una sonrisa que dedicar a mis padres y huir de lo que me está mermando las ilusiones.
Mañana será duro abrir los ojos.
Llevo un rato preguntándome qué voy a hacer el sábado. En estos momentos siento rabia. Dejaré para el sábado lo que es del sábado. Hacía mucho tiempo que no me sentía así.

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