
Tengo tan mala suerte que, justo cuando cogía el coche, se ha puesto a llover con ganas. Ya se veía, con lo oscuro que se ha puesto y, además, se agradece que descargue un poco, que la tarde estaba muy cargada.
Después de muchísimos días sin ver su coche, al marchar lo he vuelto a ver. A veces todavía algo dentro de mí me dice que me pase un día a verle, pero siempre termino rechazando la idea. Lo mejor de ver algo suyo es que siento que está cercano, aunque no le vea a él, y sé que está bien, aunque no se lo haya preguntado.
En fin, creo que es un buen momento para relajarse.
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