viernes, abril 23, 2010

Siesta de viernes

No hay tarde de viernes sin siesta. Lo que ocurre después es que me levanto peor, o bien que después me costará mucho dormirme, aunque mañana tenga que madrugar.
Estaba leyendo, pero mi mente volvía una y otra vez a las cuatro de la tarde, hasta que al final he cerrado los ojos viendo su imagen etérea en algún rincón perdido de mi memoria.
Después... me ha despertado el teléfono.

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