
Estoy aguantando las ganas de escribir un correo. Pero, a medida que pasa el tiempo, se soporta mejor. Es que... llevo varios días sin ver su coche. Algo en mí hace que me pregunte si no le habrá pasado algo. Ya no es tanto el deseo de verlo sino saber que está bien. Lo que ocurre es que no quiero preguntar a nadie cercano a él. Quizás esté preocupada sin razón, pero el hecho de no saber nada de una persona, el hecho de no verle desde hace siglos, el hecho de no encontrarse con algo que tenga relación con él hace que me pregunte dónde estará y si le irá todo bien. Quiero creer que sí, que para él todos los puntos están sobre las íes, aunque para mí no lo estén. Si él está bien yo estaré bien. La única manera de saber la respuesta, la más directa y también la más extraña, sería llamarle y preguntárselo. De todas formas, esto último es lo que precisamente no voy a hacer.
Se acerca la hora de ir a casa. Al menos llegaré antes de las diez.
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