jueves, abril 22, 2010

La parada de rigor

Ahora debería estar en la oficina, pero he tenido que parar en casa: comprobar que todo está bien. No he entrado en la oficina en una visita rápida más que para explicar el motivo de la larga ausencia. Mis compañeras, algo socarronas, me han comentado: "Pensábamos que te habían llevado detenida".
Algo así me he sentido cuando el pequeño Nissan verde y blanco que iba por la carretera, detrás de mí, ha encendido la sirena. Riéndose, me han dicho que les había surgido otra urgencia y que quedábamos una hora más tarde. He suspirado, porque cuando he visto la sirena pensaba que me iban a detener por correr tanto (sí, con ellos detrás y, cuando no lo pensaba, aceleraba inconscientemente, sobrepasando con creces la velocidad permitida).
Realizados todos los trámites e ignorando al gallo decapitado, ya puedo volver a la oficina. Todo lo que no he hecho esta mañana lo tengo que hacer en las próximas horas. La cuestión será dónde aparcaré a esta hora.

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