
Cuando volvía a casa, bajo un sol primaveral exquisito, me he encontrado con el corazón acongojado y con ganas de llorar. No lo entiendo: el día acompañaba, volaba a través del viento, pero de repente sentía que me faltaba algo. Se me estaban empañando los ojos con las brumas de un ayer demasiado próximo como para no pensar en ello. Ante mí se ha erguido el cerro, verde, perfecto, de una belleza radiante, pero no he sonreído. En otras circunstancias hubiera hecho una foto al paisaje, pero hoy no tenía fuerzas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario