
A medida que me acercaba a casa, veía relámpagos lejanos y las primeras gotas que caían sobre el coche. Es necesaria una tormenta con el bochorno que había hoy, así que me ha animado la perspectiva de los rayos en la lejanía, aunque sólo ha sido uno. Las nubes encapotaban el cielo de tal manera que no se veía ni una sola estrella, aunque esto no me ha impedido que no pensara en él.
Ni había tormenta ni había estrellas, una noche sin oficio ni beneficio. Adoro las tormentas cuando hace calor, estar en tirantes y descubrir que sobre tu brazo caen las enormes gotas de lluvia y sentirte en paz, porque no te importa mojarte...
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