
Llevo un rato pensando en alguien que me aporta una ternura como nadie más puede hacerlo. Quizás sea motivado por su delicadeza, por su sutileza. Iba a decir que también por su perfección, pero no soy proclive, aunque a él le adore, le admire y le quiera tanto, a decir de nadie que es perfecto. Siempre he pensado que el ser humano es el ser más imperfecto que existe y nunca dirán mis labios de alguien que es perfecto, si bien puede rozar la perfección, que sería lo más cercano que yo considero a la perfección. Así que lo dejaré en que él roza la perfección, cosa harto complicada.
Él, que me hace soñar, pues gracias a él 'invento' sueños cada noche y, por tanto, todas las noches no son iguales.
Él, que hace que me sienta algo más cerca del cielo, con su presencia enriquecedora, llena de energías nuevas, llena de fuerza, llena de placidez, llena de poder.
Él, rodeado de magia, capaz de hechizar con una mirada.
Él, que me hace llorar sin saberlo. Creo que, si lo supiera, se preocuparía, así que prefiero que no lo sepa. Prefiero que desconozca que me hace feliz pensar en él, pero también infeliz de vez en cuando. Pesan más los momentos felices, no sólo porque sean más numerosos, sino que también son más intensos.
Iría a verle en estos momentos porque anhelo perderme en la profundidad de su mirada, pero sería incapaz de decirle eso mismo: "Vengo a verte, vayamos a perdernos en el mundo; olvídate por un momento de la realidad y sumerjámonos juntos en un mundo irreal". No me gusta implorar y tampoco puedo pedirle que eluda momentáneamente sus responsabilidades. Pero me gustaría ir a verle ahora, me gustaría decirle que le echo de menos. Y, sin embargo, sé que si fuera le diría todo menos lo que realmente debería decirle. A veces nos complicamos mucho. Él sigue siendo un ángel capaz de cambiar el color del mundo a su paso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario