
Adoro estos momentos de sobremesa en que puedo echarme una pequeña siesta o simplemente tumbarme en la cama para leer o pensar.
La mañana ha sido algo estresante por todo lo que había que hacer, todo el volumen de trabajo que sale en las reuniones y las innumerables llamadas. En parte está bien, porque cuando miras el reloj ya es casi mediodía y el sol calienta fuera de manera terrible.
He bajado al café con B., más tarde de las doce. Hoy eran tres, antes eran cuatro. De todas formas, he sentido algo extraño al pensar que podía estar, porque a uno no se le veía y he estirado el cuello para mirar mejor. Después me he desentendido, porque la conversación con B. ha abarcado todo mi interés.
Huele a alquitrán, me gusta cómo huele, aunque es un olor muy fuerte. Han debido estar echando en las carreteras de los pueblos.
Creo que voy a echarme, aunque sólo sea para pensar en él. Tampoco sé nada, ni he visto su coche. Pasarán semanas hasta que volvamos a cruzarnos.
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