
¿Cómo se puede tener nostalgia de aquello que no se ha tenido? ¿Cómo se puede desear tanto mirar a esos ojos algo rasgados, algo orientalizantes, exóticos quizás? Sí, la mirada tiene su complemento en la forma de los ojos. Nunca lo había pensado, pero añoro verle sonreír. Deseo pasar las yemas de los dedos por todos los pliegues de su piel, quiero surcar sus pecas, acariciar el vello naciente de los lugares ocultos a miradas indiscretas, quiero contornear el perfil de su barba...
Estaba leyendo a Pérez-Reverte y me estaba quedando dormida. Es curioso, porque el autor no me aburre en ningún momento. Sentía un cansancio extremo, pero luchaba contra mis ojos que, traidores y acuciantes, me instaban a embarcarme en un sueño profundo. Sin embargo, en el momento en que he pensado en sus ojos ha sido cuando he cerrado los míos. Han sido unos minutos, suficientes para incorporarme y pensar en que la escritura es la vía de respiración del alma y que hoy no he escogido folios de colores ni he escrito. Pero me muero por escribir. Si no lo hago es por la hora, pero sé que mañana lo haré por duplicado. Y si no lo hiciera no me sentiría en paz conmigo misma.
Tengo nostalgia de algo que no he tenido. ¿Cómo puede ser posible...? Le echo muchísimo de menos. Me gustaría decirle tantas cosas, me gustaría compartir con él tantas confidencias, me gustaría tanto mirarle a los ojos...
Con imágenes tan reconfortantes, sí es un buen momento para ir a dormir.
Venía a casa con las estrellas y me acordaba de él, me preguntaba dónde estaría, se me paraba la respiración en la rotonda, buscándole...
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