
Frente a ellos, un precipicio rugoso de esos que quitan la respiración. Ante ellos, el mundo con sus ríos serpenteando entre colinas de poca altura, algún animal corriendo a lo lejos, entre el verde de la primavera, árboles aquí y allá, obtusos senderos de tierra por donde difícilmente podría pasar un vehículo, y al fondo el azul de un lago que se une al cielo en la difuminada línea del horizonte.
Él mira anonadado todo lo que se extiende ante sus ojos: los colores de un paisaje no desbrozado aún por las manos del hombre. Ella le mira a él.
-Te regalo el mundo.
-No puedes regalar algo que no es tuyo.
-Ya, pero en este momento en concreto ese mundo es tuyo. Mío. Nuestro.
(Fragmento de un sueño sin final)
No hay comentarios:
Publicar un comentario