
La tarde podría empezar con buen pie de muchas formas. Dejando de lado otras posibilidades, la que yo considero mejor es verle a él. Y le veo cuando menos lo espero. Cuando he mirado hacia el fondo de la calle he visto que venía un coche como el suyo, he desechado la idea, pero entonces he visto la matrícula. Supongo que he sonreído, aparte de saludar, aunque no le he visto bien. Ahora nos hemos de encontrar todos los días, cosa que no me importa. Siempre que le veo, aunque sea de lejos, es como si viera pasar un ángel. Y me siento bien al instante.
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