sábado, abril 17, 2010

Valentino Rossi. El dios de la velocidad


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El día de mi cumpleaños me regalaron un libro de Valentino Rossi. Creo que me queda poco de leer sobre él. Aunque las mejores ‘lecturas’ vienen cuando ves, cada quince días, al 'Rey de las Motos' correr en la categoría reina del Mundial de Motociclismo. Para mí (y supongo que para muchos), Valentino Rossi es el mejor piloto de motos de toda la historia de Motociclismo.
Así que obviamente, un libro sobre Valentino Rossi me mantendría subyugada durante unos días. La verdad es que no es como la Autobiografía, que te explicaban cómo son las carreras de Valentino Rossi desde un nivel algo más técnico, cómo contratacaba a Max Biaggi o a Sete Gibernau.
Yo, al principio, veía las carreras sin mucho interés. Pero me enganché en una, una de los mejores espectáculos de la historia de la Moto GP: el duelo de Casey Stoner y Valentino Rossi en Laguna Seca (USA) en julio de 2008. El enfrentamiento fue atroz; terminó imponiéndose el italiano en uno de los circuitos más complejos de todo el Mundial (no en vano tiene una curva peligrosísima llamada “sacacorchos”).
Este libro básicamente está formado por imágenes. Hay muy poco texto. Ante los ojos se nos despliega un abanico de la vida de un campeón, o como se le llama en el libro “el dios de la velocidad”. El alma de un ganador…

Probablemente, Valentino Rossi sea el piloto de motociclismo más rápido y también el más famoso que ha pisado la faz de la Tierra. Cuenta en su haber con un sinfín de títulos mundiales y ha cautivado a millones de aficionados con su mágica habilidad para sacarle el máximo partido a un motor y un par de ruedas.
Es un loco del motor convertido en estrella del pop, está totalmente enganchado a la velocidad y resulta irresistible para aficionados de toda clase y condición: moteros y no tan moteros, chicos y chicas, jóvenes y mayores. Se gana la vida en un mundo violento y peligroso: arriesga al límite semana sí, semana no, con el aspecto de alguien que simplemente está pasando un buen rato.
El deporte del motor del siglo XXI es prácticamente una ciencia, un esclavo de las leyes dominantes de la física, un duelo digital entre ceros y unos. Pero Valentino corre con el aire arrogante de la vieja escuela. Su extraordinaria habilidad natural le permite hacer cosas con una moto a 340 km/h que, para cualquier otro ser humano, supondrían un auténtico suicidio. Poder verlo en la plenitud de sus facultades es algo especial: él y su motocicleta forman una unidad, músculo y metal se funden en un todo sin fisuras, una unión excepcional entre hombre y máquina.
Tenemos la suerte de estar presenciando un momento extraordinario en la historia del motociclismo. Carlo Pernat, el hombre que hizo posible el gran debut de Rossi diez años atrás, dijo lo siguiente: “Pilotos como Valentino nacen uno cada veinte años. Para mí es comparable a figuras como Pelé, McEnroe, Muhammad Ali o Maradona, gente que destaca por encima de sus disciplinas deportivas”. Pernat no anda desencaminado; la sombra de Valentino se proyecta a través de todo el motociclismo hasta el punto de que él es casi más grande que el deporte en sí.
Lejos de las motos también es fantástico. Tiene una alegría por vivir sobresaliente y su actitud de rockero le distingue de todas las estrellas lameculos del panorama deportivo actual. Valentino es una de esas pocas personas que exprimen al máximo cada día de su vida y que siempre dan lo mejor de sí mismas”.

En este libro falta algo: uno de los saltos más arriesgados de Valentino Rossi. Sí que habla de la época que Rossi estuvo en Honda y de la que empezó con Yamaha, incluso describe las motos y lo secunda con imágenes magníficas. En 2004 Il Dottore firmó contrato con el Fiat Yamaha Team. En aquel momento muchos le tacharon de 'loco' porque pasaba de la moto que técnicamente era mejor en el asfalto, la Honda RC211V, con una tecnología superior a las máquinas rivales, a una moto que se consideraba perdedora, la Yamaha YZR-M1 (ahora no lleva esta moto, ya que la cilindrada de 990 cc al inicio de la Moto GP se rebajó, por cuestiones de seguridad, a 800 cc). Ni siquiera se explica la razón de ese cambio: el equipo de Honda siempre ha considerado que la moto es más importante que el piloto. Con el cambio de escudería, Valentino Rossi se impuso con una moto técnicamente peor, demostrando así que, en motociclismo, el hombre es más importante que la máquina. Ése es uno de los motivos que llevó a Rossi a firmar con Yamaha, pero al marcharse se llevó a todo su equipo, incluido Jeremy Burgess, el director técnico que siempre ha estado a su lado, igual que su amigo de la infancia, Uccio, que va allá donde Rossi vaya y le acompaña a todas las carreras.

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