
Estaba con los ojos abiertos mucho antes de que me sonaran las alarmas. He holgazaneado en la cama un rato más hasta que me he levantado mucho antes que otros días. El primer pensamiento ha sido para él: ¿cuántas veces me he despertado en fin de semana y cerraba los ojos para 'encontrarme' holgazaneando en la cama junto a él? He sentido un latigazo de dolor, pero también el frenesí de la macedonia de sentimientos internos. Es que no se puede dejar de sentir de un día para otro, no se puede dejar de amar de un día para otro, no se puede dejar de querer.
Seguiré cerrando los ojos y encontrándome con esos ojos de sabiduría, con la textura de sus manos, con sus sonrisas cómplices. Tengo ganas de llorar, pero sé que podré aguantar. Durante el día es más soportable, aunque me encuentre en el entorno con elementos que me recuerden a él...
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