
Todo me lleva a él. Intento no pensar, pero... caminaba junto a su oficina y, aunque me obligaba a mirar al suelo, he echado un vistazo hacia arriba. A la vuelta he visto a JC, que iba en coche, que también me lo ha traído a la memoria. Me ha salido un amago de sonrisa. En definitiva, no quiero que nadie descubra lo que siento, ni lo que pienso, ni que me vean llorar.
Ahora, cuando baje al café, me descubro pensando en que el nombre de este blog tampoco tiene sentido: lo cambié a propósito de los cafés de entonces.
Hoy me he encontrado corriendo por las mañanas por Gran Vía de Salamanca, llegando muy justa a cualquier sitio que fuera. Vuelvo a tener esas sensaciones de libertad, vuelvo a escuchar los ruidos de una calle ajetreada, veo las escaleras, los bares cerrados a las diez de la mañana... ¿Cuántas veces he corrido por aquella calle en las dos direcciones? ¿Por qué de repente recuerdo uno de tantos días? ¿Quizás porque mi mente vuelve atrás para obligarse a olvidar lo más inmediato? No sé por qué de repente me acuerdo de ese momento en concreto.
Sigo con esa desazón que me induce a llorar. Intento apartar todo de mi mente, pero es tan difícil.
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