Es cierto que estoy desganada, en ciertos sentidos mucho. Esta mañana, sin embargo, llevaba pensando en que no me había comprado nada para mañana, que hay que ir de punta en blanco y por nada me apetece ponerme un vestido de las últimas bodas. Así que en vez de irme a las cuatro en punto he aparecido en casa dos horas más tarde con vestido y medias: el primero que me ha dado al ojo, y al ser negro no necesito comprar zapatos, porque tengo los adecuados para ese vestido, ni bolso, porque ¿quién no tiene un bolso en casa que combine con negro y blanco? Cuando he llegado a casa, mi madre sólo ha atinado a decir: "Ya me extrañaba a mí que no te compraras nada para mañana...".
Esta mañana, a primera hora, mis compañeras me han entregado un regalo de cumpleaños, tardío, pero ha llegado. Es un llamador de ángeles diminuto, que me pone nerviosa cada vez que me muevo, porque no para de sonar.
Y finalmente me he encontrado, al llegar a casa, con mi Blackberry, que se ha hecho esperar. Blanca, poco pesada, con muchos botones...
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