
Es curioso verme cerrar los ojos muy fuerte y desear que pase un año rápidamente, porque sólo el tiempo cura las heridas. Esto me recuerda a la película de "Click", a cómo iba pasando el tiempo con un solo click, para llegar a anciano y arrepentirse por no haber vivido. Pero él tenía una segunda oportunidad. Y eso era una película. La vida real es mucho más cruda.
En estos momentos, pese al dolor, siento la intensidad de esta vivencia. Sales a la calle y, como colofón, te encuentras con su coche, como un recordatorio doloroso de que él no está tan lejos.
De repente he saltado a otro pensamiento: busco justificarle ante lo de ayer, pero no encuentro excusas. El único motivo que pudo haber tenido es que se le olvidara, y ese es un motivo bastante flojo. Sin embargo, yo sé que hay otro motivo que duele mucho más y que sí que es de suficiente peso: que en realidad no quisiera. Y eso me lleva a deducir que no vemos las cosas de la misma manera, porque posiblemente lo que para mí significa un todo lleno de color y felicidad, para él no significaba nada. Que él en ningún momento dijo nada ni alentó a nada, pero... al verme a mí, ¿no hubiera sido más sencillo decirlo claramente? Desde mi punto de vista, es más fácil decir las cosas, porque entonces sí hubiera sido posible una reparación. Si me lo hubiera dicho yo hubiera seguido hablando con él, evitando que naciera algo más. Pero ahora, el dolor es una cruz terrible de llevar. No sé si estoy más dolida que cabreada; creo que más dolida. Pero también estoy cabreada, porque si no lo estuviera le hubiera dicho algo. ¿Merece la pena seguir diciéndole algo, cuando tus palabras rebotan en un muro de hierro? ¿Cómo decía ayer: cuando te enfrentas a un corazón de piedra? Realmente no pienso que tenga un corazón de piedra, pero siempre quedará un 'pero'.
Dolor... imposible describirlo. Y, pese a todo, me lleva a escribir más a menudo de lo que quisiera, me mantiene más cerca de la oscuridad y de la tristeza.
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