
Me he desvelado por un asunto de trabajo, he hecho las medidas oportunas para que todo salga bien y seguramente que mañana a las nueve me sonará el teléfono. Gajes del oficio.
Lo mejor de desvelarse es que su imagen viene a mí una y otra vez y soy capaz de sonreír, de cerrar los ojos y recordarle sonriendo, de preguntarme por qué no insistí más para ir con ellos de fiesta. He decidido dejarlo pasar, es mejor así. Una cosa es encontrarme con ellos y tomar una copa por ahí, y otra muy diferente es irme de fiesta con ellos desde el principio. Es posible que me sintiera desubicada.
En fin, debería intentar dormir.
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