
He tenido una tarde tranquila, si es que se puede decir eso. No debería bajar abajo a tomar un café, porque luego no dormiré, aunque creo que sí podría tomar otra cosa. El propósito es despejarme un poco, imaginar las palabras que escribiré después, porque en esta próxima hora es cuando pierdo la noción del tiempo para dejarme llevar por... el corazón.
Antes de eso, necesito bajar, sentir que el aire acaricia mi cara, tan suavemente como lo harían sus manos. Al pensar en ello, siento escalofríos.
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