
Si he de ser sincera, y después de sentir un latigazo de calor al salir de la calle, enseguida he pensado en él. Porque ahora mismo, que está anocheciendo, me encantaría caminar por las calles con él, mirar al sol que se esconde en esos momentos del crepúsculo y compartir esa experiencia con él, escuchar su voz, acariciarle el rostro o dibujar un corazón en la palma de su mano. Caminar, sólo quiero caminar con él, con nadie más. Hay momentos que sólo se pueden compartir con una única persona.
Me da la sensación de que llevo muchos días prodigando amor; yo, que había dejado de creer. ¿Cómo se puede querer tanto a una persona a la que nunca se ve, de la que nunca se sabe nada, de la que sólo tengo recuerdos lejanos en la memoria...? Claro que para mí esos recuerdos son muy valiosos.
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