
He dormido tan pocas horas que me siento como una autómata que hiciera las cosas mecánicamente. Aún escuché las cinco de la mañana en la torre de la iglesia. Y suele ocurrir que cuando te conciencias de que no puedes dormir te pones tan nerviosa que parece imposible. Al final, conseguí cerrar los ojos aferrándome a una única imagen que muy pronto me introdujo en el mundo de los sueños.
No podía ser de otra manera. No me gustaría perder esa ilusión...
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