
Es difícil aguantar sabiendo que está tan cerca, que sólo tendría que desviar unos metros mi trayectoria para mirar a esos ojos que destilan poesía. Es difícil no sonreír cuando llegas por la tarde a la oficina y ves su coche y sientes que está muy cerca. Es difícil no preguntarse si me hubiera cruzado con él en el caso de haber llegado puntual a las cuatro. Es difícil concentrarse después de notar un sinfín de sensaciones en torno a él que revolotean a tu alrededor sin querer marchar.
Es su magnetismo.
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