lunes, abril 05, 2010

Hora de reflexión

Hasta ahora no me había dado cuenta de todo lo que había echado de menos escribir a esta hora, aunque lo hacía en pequeñas dosis, pero no es lo mismo. Allí tenía un límite de tiempo y aquí carezco de él, allí apenas tenía papel y aquí me sobra. Allí tenía cerca el mar, pero aquí el que está cerca es él...
Allí carecía de la rutina de escribir en intimidad, no podía hacer esa introspección silenciosa al corazón, carecía de la calma que a veces aporta la soledad.
Anoche hice un esfuerzo por escribir, aunque me cayera de sueño.
A veces he imaginado que le susurro al oído que le escribo cada noche, pero es una imagen ficticia, porque no me veo capaz de decírselo. Realmente no es eso, porque sí que se lo diría, pero no quiero arriesgarme a que me lo pida. Que sería lo más lógico. Serían demasiados sellos de lacre para romper, con el de hoy 34 y me da la sensación de que aún tengo muchas cosas que sacar. Llevo más de un mes escribiendo cada noche y, desde que lo hago, me da la sensación de que todo lo que me rodea se torna más intenso. A veces me pregunto cómo es posible que siempre tenga cosas para compartir con una única persona y que con la gran mayoría de las personas hable de cosas triviales o me dedique a escuchar sin más. Supongo que mi corazón no está dispuesto más que a abrirse con la única persona que ha conseguido tocarlo de una manera tan enternecedora.
Y, sin embargo, hay una parte de mí que no quiere encontrarse con él. Porque si me lo encuentro no podré evitar que un torrente de sentimientos se desborden sin poder contenerlos, ni podré evitar quererle un poco más. Esa dulzura...

Hoy voy a escribir en azul, porque el azul es un color de vida. Y, ahora, al pensar en él me he sentido un poco más viva.

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