
¿Quién no ha soñado alguna vez con pasear bajo la lluvia, mientras el agua te cala hasta los huesos, sorteando charcos, cogiendo la mano de la persona a la que se quiere?
Pues yo sí, hoy, cuando miraba por un ventanuco de la posguerra el nuevo cuartel que se está levantando aquí; cuando conducía entre el tráfico mientras echaba de menos mi desayuno habitual (porque hoy he desayunado en casa); cuando a las diez aparcaba mirando todos los vehículos que pasaban a mi lado; cuando se me ha mojado el pelo e inevitablemente se ha convertido en rizos húmedos que se me pegaban a la frente.
¿Cómo ha podido salir tan nublado con el calor que hacía ayer? No importa; los días de lluvia también son para pasear.
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