Esta mañana hemos salido una hora más tarde de lo que habíamos previsto: uno de los coches se ha cerrado con la llave dentro. Unos hablaban de romper el cristal, otros de llamar al hermano del dueño del Mazda para que trajera la segunda llave... y al final hemos decidido que lo mejor era buscar un cerrajero de las cercanías para que nos abriera la puerta. Nos ha dicho que no miráramos, pero...
En cuanto ha aparecido con un coche que se caía a pedazos y ha sacado una larga varilla, y hemos descubierto en él un refinamiento agitanado, ya sabíamos que nos iba a abrir el coche.
Nos ha dicho que venía de estar con los caballos, de ahí las botas de agua, y luego nos lo hemos vuelto a cruzar cuando nos íbamos: se había puesto un sombrero de cuero y parecía un cowboy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario