sábado, abril 10, 2010

El frío modifica la trayectoria de los peces


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Después del extenso libro que terminé de leer ayer, apetecía algo más ligero, algo que fuera fácil de digerir. Lo cierto es que un libro de 200 páginas me dura en las manos pocas horas si lo cojo en fin de semana, como es el caso de El frío modifica la trayectoria de los peces.
Es un libro de amor, sobre los pequeños 'milagros' de la vida. Me ha gustado, aunque me ha sabido a poco.

-¡Tienen una nueva trayectoria!
El experto asintió con la cabeza.
-Exacto… Voy a estudiar sus nuevas trayectorias a diecinueve grados y las compararé con las trayectorias a treinta y dos, eso sólo retrasará un año o dos mi tesis… Ya veremos qué sale de esto… Dentro de la desgracia, tengo la suerte de que no se han muerto.
Él se levantó y resopló; le disgustaba tener que volver a poner todos los cálculos en marcha. Pero la investigadora no había terminado.
-¡Diría que nadan más cerca los unos de los otros!
Él se volvió a sentar de inmediato frente al acuario. Ella tenía algo más que decir.
-¡Claro! ¡Cuando hace frío, se acercan los unos a los otros!
Él abrió sus grandes ojos azules. Frente a él, ella tomó una gran bocanada de aire. Sus ojos chispeaban.
-Y además nadan de dos en dos, como si fueran parejas. Ya no trazan sus caminos en solitario, evitando a los demás. Ahora lo hacen juntos… Y eso es desde que tienen frío…”.

La historia transcurre en Quebec (Canadá) en enero de 1998, durante una terrible tormenta de hielo. Son dos bloques de edificios: uno de ellos se quedará sin electricidad. Los vecinos, que apenas habían intercambiado unas pocas palabras a modo de saludo, se unen gracias a la tormenta de hielo que dura cuatro días.
Pero la tormenta no ha llegado sola: un niño de once años ha mirado al cielo pidiendo que evite la catástrofe que podría cambiar su vida. Ese niño recibe de sus padres una noticia terrible: se van a separar. Él quiere seguir viviendo con sus padres, pero ellos ni siquiera le han pedido su opinión. En esos momentos, su padre, el policía Martin, abandona la casa y se va al chalet donde la familia pasa sus vacaciones. El niño mira al cielo y le pide que impida la separación de sus padres.
Su mejor amigo se llama Alex, el muchacho más temido del colegio, siempre metido en peleas. Alex, que vive con su padre Alexis, abandonado hace muchos años por su mujer, no quiere hacer preguntas a su mejor amigo, al menos él tiene una madre a la que abrazar de vez en cuando.
Los dos amigos se pasean con una cámara de vídeo por el barrio y se dedican a grabar las curvas de su vecina Julie, una voluptuosa joven que trabaja en un salón de strip-tease. La directora de pedagogía acaba de confiscarles la cámara, justo cuando se anuncia que se suspenden las clases en el colegio hasta que pase la tormenta de hielo.
Julie acude cada noche con un amante nuevo a su casa, pero todos la abandonan al día siguiente: ella es una simple bailarina de strip-tease y la mayoría de sus amantes son hombres casados. En la tormenta de hielo conoce a Boris, un joven estudiante ruso vecino, que está escribiendo su tesis sobre la trayectoria de los peces. Cuando Boris teme que sus peces mueran al quedarse sin electricidad, Julie le invita a su casa e improvisan una pecesa en la bañera. Julie se da cuenta de que ese hombre no se va a marchar de su vida. Se enamorarán perdidamente, porque la tormenta de hielo está haciendo milagros. En el caso de Julie y Boris les unirá para siempre.
Simon y Michel son una pareja de homosexuales que invitan al homófobo de Alexis y a su hijo a pasar esos días en su casa, porque ellos también tienen electricidad. Simon es psicoanalista y enseguida comprende que Alexis necesita su ayuda, pero al final ese tipo de ayuda será bidireccional, porque indirectamente Alexis hará que Simon se enfrente a sus miedos. Alexis le explica que Alex no es su hijo, que se enamoró de Dolores, una mexicana, cuando ésta estaba embarazada y, cuando lo abandonó, también le dejó al bebé. Simon, por su parte, tiene miedo de lo que piense la gente respecto a su relación con Michel que, además, es un antiguo paciente. Los dos se esconden y no permiten que nadie les vea juntos, pero esto cambiará cuando Alexis les acepte y decidan dar un giro radical a su vida, sin importar lo que piense la gente. Alex, que se entera de quién es su madre, cuando Simon pregunta a su padre, conocerá por fin a su madre, cuando padre e hijo decidan llamarla a México.
Martin vuelve a casa, con su esposa, con las dos manos escayoladas. Tras dos días a punto de ser congelado, ha comprendido que debe volver a casa, donde su mujer le perdona y donde hace sonreír a su hijo. El matrimonio ha comprendido, gracias a esa tormenta de hielo que pidió su hijo al cielo, que se siguen queriendo.

A medida que crecemos, entendemos mejor los caminos interiores de nuestra infancia, que a veces se convierten en extraños viajes. Conseguimos analizarlos, definir las causas, los motivos o los destinos finales. Sobre todo, en los recuerdos, logramos separar la parte de verdad de la irreal”.

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