viernes, abril 09, 2010

Caos

En lo que va de día ya he tenido dos broncas a primera hora de la mañana: una en casa, con mi hermano pequeño, que entra en el baño justo cuando me tengo que ir yo y, por supuesto, no iba a bajar hasta el otro cuarto de baño; la otra ha sido con una de mis compañeras porque me ha pedido algo que yo no le podía dar y le he dicho que lo buscara en el ordenador. Porque yo tengo buena memoria, pero no puedo acordarme de todo lo que pasa por mis manos día a día, aunque recuerde bastante.
Con mi compañera se ha arreglado en cuestión de minutos, con mi hermano aún no he hablado.

Después he cogido el coche y es un caos conducir por este pueblo, aunque al lado de la ferretería he visto un cartel y ese cartel me ha recordado a una persona. Entonces he sentido que me descargaba de todo, he conseguido sonreír. Después, para aparcar ha sido otro caos, he malmetido el coche en un hueco bastante estrecho y entonces he visto un coche que entraba en el garaje de enfrente, tan rápido que no me ha dado tiempo a ver quién conducía. Podía ser JC. Y entonces he pensado en esa otra persona, otra vez, y he vuelto a sentirme más ligera. A medida que caminaba por la calle he visto otro hueco más cercano, más amplio para aparcar y he vuelto al coche. Al final he doblado un poco más la señal que había delante del coche.
Tengo ganas de irme a casa. Ya. Necesito descansar, pensar en él para no corromper mi alma con cabreos momentáneos. Acabo de comer chocolate, que aparte de ser un sucedáneo del sexo, dulcifica. Estoy algo más relajada: ha sido por pensar en él varias veces y por el chocolate.
Al menos ahora no hay llamadas.

Lo que me apetece es abrazar a cierta persona, sentir que sus brazos me rodean la espalda y liberarme de todas las cargas. Él y sólo él podría obrar un milagro. Aunque ya lo hace aun estando ausente.

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