domingo, abril 11, 2010

Bajo el árbol

Ir a las cuatro al campo (digo "campo" aunque éste tiene un nombre concreto, tan peculiar como curioso y que evito nombrar por la desconfianza que me brinda internet) aporta una envidiable tranquilidad. Si fuera a la ermita sería diferente, porque allí los domingos por la tarde hay una profusión de familias con niños pequeños que aportan de todo menos tranquilidad. Por eso, no suelo llegar a la ermita. Y hoy he escogido un sitio diferente al de la última vez: el árbol donde nos refugiábamos en la adolescencia, muchas veces para fumar. Allí nos reuníamos antes todos los domingos.
Hoy no es más que un árbol solitario que no está junto a la carretera. Tumbada tras ese tronco en forma de 'uve' podía ver sin que me vieran. A veces, me llegaban las voces amortiguadas de la gente que está en la ermita, a veces veía pasar un coche tras otro, niños en bicicletas o gente de paseo.
Yoguito corría alrededor de mí sin parar. Cuando vamos a salir de casa, él lo sabe, porque siempre meto todo en un inmenso bolso que tiene el dibujo de una diana, su pelota de colores y la cámara de fotos. El color fucsia del bolso resalta entre los colores de la naturaleza.
Las ramas de ese árbol me traen recuerdos. He escrito largas descripciones de las sensaciones que aporta la naturaleza, quería compartirlas con..., pero esos fragmentos ni siquiera describen una mínima parte de lo que se siente cuando se está allí.
Y cuando me iba, he mirado en dirección a la carretera (alguien está por allí, no muy lejos de aquí).
He llegado a tiempo para ver las motos. Seguro que hoy gana Stoner :(

"No hay que temer a la muerte, sino a no haber empezado nunca a vivir". (Marco Aurelio)

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