
Empieza a aparecer esa ansiedad que llega siempre antes de emprender un viaje o que precede a cualquier tipo de acontecimiento importante.
Antes de ir a dormir es inevitable que piense en él; lo llevo conmigo, en mi corazón. El mar también me lo traerá a la memoria. Yo voy en busca de ese mar, y ese mar es el que me ha decidido a preparar la maleta y marchar.
Me siento floja de moral, pero estos cuatro días haré cualquier esfuerzo para que no lo note ninguno de mis amigos. Ya pasará.
Necesito concentrarme en su imagen que, aunque se esté difuminando en mi mente, me sigue reconfortando. Y es un buen pensamiento para ir a dormir en paz.
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