
Cuando volvía a casa sólo había en el cielo una única estrella, pero brillaba como miles de estrellas, se perfilaba entre un cielo que quería ser más oscuro en un añil inusual a esa hora de la noche, un azulón que sólo aparece en las noches calurosas.
Una única estrella... como él, con su propio brillo, como el centro de un mundo donde no hay nadie más.
Esa estrella solitaria me lo ha traído a la mente, no por lo de solitaria, sino por la potencia de su brillo en medio de la oscuridad. No puedo más que quererle...
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