
Esta mañana me he despertado con un deseo latente: verle. Tendría excusa porque tengo algo para él, pero no me atrevo a ir, me da la sensación de que soy incapaz de subir esas escaleras sin que se me derritan las piernas, así que, aunque suene a cobardía, prefiero dejarlo estar. Es posible que si me encontrara con él le dijera que tengo algo para él, pero no me veo capaz de aparecer en su oficina buscándole.
En estos momentos, considero que ir a buscarle sería algo parecido a una odisea. La forma de afrontar ese temor a encontrarme con él sería acudiendo allí, como hacía para luchar contra el vértigo. Antes, me subía a la noria, aunque arriba me daba todo vueltas; soy capaz de subir a las torres más altas o hace unos días hubiera cogido el teleférico que nos llevaba a las cumbres de Picos de Europa. Creo que es más fácil luchar contra el vértigo... Al menos hasta el día en que una fuerza interior me encamine en su dirección y vaya sin pararme a pensarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario