lunes, abril 12, 2010

En la antesala del olvido

Hoy he hecho lo que no me he atrevido a hacer en casi mes y medio. Y no lo entiendo, porque cuando escribo esos e-mails siento que mi alma se calma, como si realmente lo antinatural fuera no hacerlo.
Es lo que tiene escribir poesía a un ángel.


Un rato después, pensándolo fríamente, creo que es mejor que me responda todo lo contrario a lo que mi corazón desea. De esa forma, no le vería y, así, no volvería a coleccionar momentos ni a renovar energías. Poco a poco, iría convirtiéndose todo en una bruma borrosa de irrealidad, y lo irreal no existe. Es la antesala al olvido de lo que no se puede olvidar.

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