miércoles, noviembre 02, 2011

Veinte minutos para la una

Dentro de veinte minutos he de estar durmiendo. De hecho, ya se me estaban cerrando los ojos. Últimamente me pesa tanto el libro que tiendo a dejarlo abierto encima de mi rostro a la vez que cierro los ojos. Aunque es complicado dejarse vencer por el sueño con el peso muerto del libro sobre el rostro, durante unos minutos me encuentro relajada. Pienso en que sólo serán unos minutos, pero la verdad es que si me dejo llevar me despertaría dentro de varias horas con portátil encendido, el libro cerrado en algún lugar de la habitación y la luz de la mesilla encendida. Al menos, hace un rato me he puesto el pijama, ya que no sería raro que, además, también me quedara dormida encima de la cama con la ropa puesta.
Estoy segura de que si durmiera con él no leería antes de dormir. ¿Para qué quiero historias ajenas cuando tengo sus historias tan cercanas? Seguro que tiene mucho que contar. Y eso me recuerda a que, hace un rato, cuando cerraba los ojos con el libro abierto sobre ellos, me imaginaba en un lugar concreto en un momento concreto y sumaba los años que nos separan y me preguntaba qué estaría haciendo él en aquella época, cuando todavía no nos conocíamos. A veces me lo pregunto. Por ejemplo, cuando yo tenía 24 años y estaba en X lugar con X personas, ¿dónde estaba él? Supongo que las personas a las que amamos siempre despiertan cierta curiosidad en nosotros. Aunque lo cierto es que sólo quiero saber de él cuando lo cuenta él, con esa voz tan sensual, con el brillo de los ojos que acompaña a sus palabras, con la enorme sabiduría que se deduce en su forma especial de contar las cosas.
Ahora sí que me voy a dormir. Ya no importa que me quede dormida con el libro abierto. Porque al final, no sé cómo lo hago, pero consigo despertarme durante unos breves segundos para apagar la luz y sumergirme en el mundo de los sueños. 

No hay comentarios: