El día ha sido largo. Echo de menos no encontrarme con ese ángel de mirada perfecta. Aunque, cuando me iba, en una hora difusa entre las nueve y las diez de la noche, tras una reunión y con un agonizante dolor de cabeza que iba remitiendo a medida que caminaba... su coche seguía allí. Se me ha pasado por la cabeza decirle que ya no eran horas, pero he seguido caminando, deseando encontrarme con él caminando hacia su coche en el momento de marchar. No ha ocurrido tal cosa.
Seguro que estaba guapísimo. Si algo me gustaría ahora, con el cansancio de un día muy largo acumulado a mis espaldas, sería dejar que me abrazara.
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