
Es hora de marchar. Son casi las ocho y después de quedarme a comer ya va siendo hora de cerrar todo.
El día se ha hecho largo.
Aún recuerdo el momento en que nos hemos cruzado de frente. Yo me iba y él entraba. Tan guapo, con esa mirada tan perfecta, con ese rostro angelical.
Si hubiera mirado tan sólo una vez antes de salir, no me hubiera ido tan pronto. Pero cuando nos hemos encontrado ya era tarde para volver.
Sé que le he mirado y he sonreído. He vuelto a sentir su magia, durante cuestión de segundos me he quedado atrapada en esa mirada mágica.
Es encantador.
Va siendo hora de marchar.
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